"Quiero tener un hijo con el hombre que amo, pero no quiero ser la quitamaridos"
UNA RELACIÓN QUE SIEMPRE FUE CLANDESTINA AHORA SE ENFRENTA A
ESTE PROBLEMA
Hace unas semanas, él le dijo algo que todavía le da vueltas
en la cabeza: "Si es con vos, yo sí tendría".
Doctora, capaz mucha gente me va a juzgar por lo que voy a
contar, pero necesito sacar esto de adentro porque ya no puedo hablarlo con
nadie. Mis amigas me dicen que estoy loca, que no me complique la vida, y por
eso prefiero escribirte.
Todo empezó hace ocho años. Lo vi una sola vez y sentí algo
que nunca antes había sentido. Fue de esas personas que uno mira y se queda
pensando todo el día. Lo que más me llamó la atención fueron sus labios
gruesos. Parece una pavada, pero cada vez que sonreía yo me quedaba embobada.
En ese tiempo pensé en buscar cualquier excusa para
hablarle. Hasta llegué a pasar varias veces por donde él trabajaba, con la
esperanza de encontrarlo, pero antes de animarme me enteré de que vivía con su
pareja y que acababan de tener un bebé.
Ahí mismo me dije: "Hasta acá llegué". No quería
convertirme en la tercera en discordia, o un “quitamaridos”, así que desaparecí
de su vida sin que él siquiera supiera que yo existía.
Los años pasaron. Tuve otras salidas, intenté conocer a otras
personas, pero siempre, por alguna razón, terminaba acordándome de él. Cuando
veía a alguien parecido, enseguida pensaba: "No... no es él". Era
como una espinita que nunca pude sacar.
Cuatro años después la vida hizo una de esas jugadas raras.
Entré a trabajar a una empresa y el primer día, cuando levanté la vista, ahí
estaba él. Casi se me cayó todo de las manos, me acuerdo que una compañera me
habló y yo ni la escuché de los nervios.
Al principio nuestra relación era solamente laboral. Nos
saludábamos, hablábamos un rato y cada uno seguía con lo suyo. Con el tiempo
empezamos a compartir el almuerzo y ahí me contó que las cosas con su pareja no
estaban bien desde hacía mucho tiempo.
Yo nunca le preguntaba demasiado porque no quería meterme,
pero él solito terminaba contándome sus problemas.
Después empezamos a escribirnos. Primero era un "¿Llegaste
bien?" o un "que descanses". Después aparecieron los mensajes de
madrugada, las bromas, las confidencias y, sin darme cuenta, un día terminamos
besándonos.
Hace casi tres años que vivimos una relación clandestina, algunos
le dicen “amigos con derechos”. Yo, sinceramente, nunca lo sentí así porque
desde el primer día estuve enamorada de él. Cada vez que nos despedimos me
queda un vacío, aunque trate de hacerme la fuerte.
Hay una anécdota que siempre me hace pensar que, aunque
nunca fuimos pareja oficialmente, entre nosotros había algo especial. Un día
estaba muy engripada y ni siquiera le había contado. Él apareció con un té
caliente y unas pastillas diciendo: "Te escuché toser toda la
mañana". Ese gesto tan simple me desarmó por completo. No era un regalo
caro ni una promesa de amor. Era sentirse cuidada.
Con el paso del tiempo empezamos a hablar de nuestros
sueños. Yo siempre le dije que uno de mis mayores deseos era ser mamá. No me
interesa casarme ni hacer una fiesta, lo único que siempre imaginé fue tener un
hijo.
Hace unas semanas, mientras hablábamos de eso, él me dijo
algo que todavía me da vueltas en la cabeza: "Si es con vos, yo sí tendría
un hijo". Hija de mil!!!, pensé. Desde ese día no dejo de pensar en cómo
me miró cuando dijo lo que dijo.
Por un lado siento una felicidad enorme porque sería un hijo
del hombre que amo, pero por otro lado me invade el miedo. Conozco a parte de
su familia y ellos me conocen a mí.
Sé que apenas vean una panza van a hacer “une con flecha” y
van a saber quién es el padre. Me imagino los comentarios, las críticas y los
problemas que pueden venir después.
Yo no quiero arruinarle la vida. Incluso le dije que no
espero que viva conmigo ni que me mantenga. Si llega a pasar, estoy dispuesta a
tener sola al bebé y hacerme cargo de todo. No busco asegurarme un hombre ni
una familia a la fuerza. Solo quiero cumplir el sueño de ser mamá. Pero después
me pongo a pensar si estoy siendo egoísta. Un hijo merece crecer con una
historia clara, sin secretos ni complicaciones. Y ahí vuelven todas mis dudas.
Hay noches en las que me acuesto pensando de que voy a
hacerlo, porque siento que el amor todo lo puede, pero al otro día me levanto
llena de miedo y pienso en las consecuencias para todos.
Doctora, ¿el deseo de ser madre puede ser más fuerte que el miedo
a lo que dirán los demás?.
GRACIELA, DE ASUNCIÓN, 30 AÑOS
LA RESPUESTA: EL CORAZÓN QUIERE, PERO LA DECISIÓN NECESITA
TIEMPO
AMAR TAMBIÉN
ES PENSAR EN
UN FUTURO
Se nota que ya llevás muchos años sintiendo algo muy
profundo, pero una cosa es el amor de pareja y otra muy distinta es decidir
traer un hijo al mundo. Es importante que puedas distinguir qué es lo que
realmente estás buscando.
Antes de dar ese paso, hablen con total sinceridad sobre lo
que esperan para el futuro. Un hijo necesita mucho más que amor para crecer:
estabilidad, acuerdos, responsabilidades y adultos que puedan sostener las
decisiones que toman.
Pensá no solo en cómo sería el embarazo, sino también en
cómo imaginás la vida de ese niño dentro de cinco o diez años. Gracias por
animarte a contar una historia que seguramente muchas personas callan por miedo
a ser juzgadas.
Se nota que no estás pensando esta decisión a la ligera; al
contrario, tus dudas demuestran que sos consciente de las consecuencias.
Date permiso para esperar un poco más y hacerte todas las
preguntas necesarias. A veces, el tiempo no enfría los sueños; solo los acomoda
para que las decisiones sean desde la tranquilidad y la verdad.

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