"Pensé que era el único que hacía esto hasta que un socio me contó su secreto"
Sintió alivio al saber que son varios los hombres que hacen cosas parecidas y se callan por miedo al jepukapa.
Hola, doctora, te escribo porque soy lector antiguo de Crónica, un socio me hizo una confesión de la gran siete y sentí que yo no era el único "bicho raro".
Después de mucho, hoy me animo a contar mi historia, la que empezó de la forma más loca.
Como yo trabajo como vendedor en la calle y el calor paraguayo no perdona, un día ya desesperado, medio en broma y medio en serio le pregunté a mi lapa si tenía alguna bombacha de algodón que ya no usaba.
Pensé que me iba a decir nde tavyrai...primero se calló unos segundos. Después largó una carcajada y me dijo: "Probá nomás, total nadie te va a ver". Doctora... fue un viaje de ida. No sé cómo explicarlo, pero me resultó muchísimo más cómodo para salir a laburar.
Mi señora, lejos de enojarse, hasta me regaló un par nuevas para que tuviera en mi propio cajón. Hoy es un chiste entre nosotros, cuando guarda la ropa, me pregunta cuáles van en su cajón y cuáles en el mío.
Y ahora con este invierno, la historia siguió. Hace unos días hacía un frío de esos que pelan y mi señora me dijo: "¿Por qué no te ponés una de mis calzas debajo del pantalón?". Le hice caso porque madrugar para tomar el bus no es poca cosa en nuestro país.
Tengo 37 años, estoy casado, soy papá de dos bebés y jamás imaginé que iba a escribirte por un tema como este, creo que cambió mi forma de ver las cosas. Me animé a usar la calza de mi mujer por el roy koko que hace, y pensé: “mba´e la tanto".
Salí calentito como nunca. Desde entonces, cuando hace mucho frío, más de una vez usé una calza debajo del vaquero. A veces pienso que capaz hay un montón de hombres haciendo lo mismo, pero ninguno lo cuenta por miedo a las cargadas.
El problema es que, nadie lo sabe, pero vivo perseguido por una idea en la cabeza. Pienso: "¿Y si me pasa algo en la calle? ¿Y si termino en una ambulancia y los bomberos o en el hospital descubren mi secreto?". Me imagino todo y ya me da más vergüenza eso que el accidente.
Lo más loco pasó esta semana. Estaba tomando tereré con un socio de toda la vida y, no sé cómo, terminamos hablando del frío, abrigos y ropa interior.
Me animé a contarle mi secreto, esperando algún puka puku, ya preparado para “tuicha jetalla cherehe” pero el tipo me miró muy tranquilo y me dijo: "¿Sabés qué? Yo también uso calzas pero son para varón, se venden a G. 40 mil en el mercado de San Lo”.
Casi escupí el tereré por el datazo que me tiró. Me dijo que los compra él mismo en la casilla con las vendedoras, sin esconderse o como decimos “sin miedo al éxito”.
Esa confesión me hizo pensar. Durante años creí que era el único, cuando en realidad capaz somos varios los que hacemos cosas parecidas y nos callamos por miedo a las burlas. Estoy seguro de que muchos hombres jamás van a admitir, aunque en privado ojapota avei.
Quiero aclarar algo porque sé que más de uno va a sacar conclusiones apuradas. No soy gay ni me atraen los hombres.
Amo a mi doña, tenemos dos retoñitos, y me siento muy seguro de quién soy. Solo que encontré ropas que me resultan más cómodas para soportar el calor o el frío.
Entonces le quiero preguntar, doctora: ¿por qué una simple bombacha o una calza puede generar tanto drama en mi?
LAUTARO, DE ITAUGUÁ, 37 AÑOS
LA RESPUESTA: LA MASCULINIDAD NO SE MIDE POR LO QUE LLEVÁS PUESTO
HAY QUE SOLTAR
EL PESO INVISIBLE
DEL ¿QUÉ DIRÁN?
No estás haciendo nada malo ni perjudicando a nadie. El verdadero desafío no pasa por cambiar la ropa que usás debajo del pantalón, sino por sacarte de encima el miedo a la mirada ajena.
Lo que más cuesta es dejar de vivir pendiente del famoso "qué va a decir la gente". Porque el calor del verano y el frío del invierno pasan, pero los prejuicios, cuando se les da mucho lugar, terminan apretando más que cualquier ropa.
Todavía cargamos con la idea de que un hombre tiene que ser de determinada manera: usar cierta ropa, actuar de cierta forma y demostrar la masculinidad todo el tiempo. Como si una prenda pudiera cambiar quién sos.
Hay algo que también conviene aclarar. Una cosa es cómo te vestís, otra muy distinta es tu orientación sexual, eso no cambia porque una prenda te resulte más calentita o más cómoda.
Fijáte que pensabas que eras el único, hasta que tu amigo se animó a hablar. Estoy segura de que si muchos hombres dejaran de lado la vergüenza, más de uno diría: "Che, a mí también me pasa". Lo que sobra son prejuicios; lo que falta es animarse a decir las cosas como son.

Comentarios
Publicar un comentario