"Nunca me arrepentí de mi pasado… hasta que mi hija le trajo a su novio"

 




Siente un miedo terrible de que se repita su historia y eso lo está volviendo un suegro insoportable.


Hola, doctora, te voy a contar algo que hasta hoy sigue siendo motivo de cargadas en mi casa, pero a mí ya no me hace tanta gracia.
Cuando era un lindo mita'i era bastante caradura. No era luego un santo. Si había una chica que me sonreía, yo ya quería probar suerte tipo kuña ha arco... Y así me metí en una historia que hasta ahora nadie me cree cuando la cuento.
Primero tuve una novia en la época de la Facultad, con ella anduvimos casi un año, después cada uno agarró su camino y nunca más supe de ella.
Al tiempo conocí a otra chica en una fiesta. Empezamos a salir, todo lindo, hasta que un domingo me invitó a almorzar con su familia. 
Yo entré tranquilo a la casa y casi me atraganté con mi saliva cuando vi que mi ex estaba sentada en la mesa. Ahí recién me enteré de que eran hermanas.
Fue un sapy'aite para todos. Mi ex me miró con una cara de "¿qué hacés acá?" y yo quería desaparecer, entrar debajo de la silla o donde el sol no me daba. Por suerte entendieron que mi relación con ella había terminado mucho antes. Pasó el susto y seguimos saliendo un tiempo más. 
Hasta ahí fue una casualidad, pero después apareció la tercera hermana... y ahí sí ya empecé a macanear. Empecé a jugar a dos puntas como se dice.
No sé qué me pasó por la cabeza. Me entró un capricho, me decía: "¿Y si también le conquisto a la otra?". Hoy me da un poco de vergüenza reconocerlo, pero en ese momento me parecía la gran hazaña.
Como ya conocía a la familia, de vez en cuando coincidíamos en algún cumpleaños o reunión. Empecé a hablar más con ella, a hacerle chistes, a buscar cualquier excusa para encontrarla. Cuando terminé con la segunda hermana pasó un tiempo y empecé a salir con la menor.
Y sí... terminé siendo novio de las tres.
Aclaro una cosa porque seguro medio país ya me está retando. Nunca estuve con dos al mismo tiempo ni le engañé a ninguna. Siempre fue una después de la otra. Igual, mirando para atrás, reconozco que era muy argel. Me alimentaba el ego nomás. Me sentía el galán de la película.
Hoy tengo otra vida. Estoy casado hace muchos años, tengo tres hijas hermosas y justamente ahí empieza mi problema. La mayor ya tiene novio.
Es un pendejo, no hizo nada todavía, pero yo ya le encontré veinte defectos al tipo que llega con ella, son compañeros de la Facultad y estudian mucho, siempre están estudiando. Pero mi mente vuela si llega cinco minutos tarde, ya pienso cualquier cosa. 
Si sale con sus amigos, ya me imagino que está haciendo de las suyas. Mi hija me dice: "Papá, dejale un poco al pobre". Y capaz tiene razón.
Mi señora se mata de risa conmigo. Me dice: "Vos lo que tenés es miedo porque te acordás de cómo eras vos". Y cuanto más lo pienso, más creo que tiene razón.
Cuando veo al muchacho, no lo estoy viendo a él. Me estoy viendo a mí mismo cuando tenía esa edad. Me acuerdo de los desafíos tontos que me inventaba, de las pavadas que hacía por orgullo y de cómo uno a esa edad piensa poco y hace macanadas.
No sé si siento culpa, porque arrepentido no estoy. Fue una etapa de mi vida y nunca quise hacerle daño a nadie, pero ahora que tengo hijas me entra un kyhyje de que aparezca un tipo como el que fui yo. Pienso que existe “el Karma” y eso me está volviendo un suegro insoportable.
¿Cómo hago para dejar de desconfiar de un chico que capaz no tiene nada que ver conmigo? Te juro, doctora, que no quiero que mi hija me vea como el viejo pesado de la película... pero tampoco quiero que un vivo le haga pasar un mal rato.

RAMÓN, DE ATYRA, 43 AÑOS

LA RESPUESTA: 
SER PADRE TAMBIÉN SIGNIFICA ENFRENTARSE A LA PERSONA QUE UNO FUE

APRENDER A CONFIAR 
AYUDA A PROTEGER 
A NUESTROS HIJOS

En lugar de convertirte en un juez del novio, tratá de ser un papá con quien tu hija siempre pueda hablar. No hace falta castigarte por lo que hiciste ni vivir con culpa sino preguntarte qué clase de padre querés ser a partir de ahora.
Es normal que algunos recuerdos vuelvan cuando vemos a nuestros hijos crecer. Sin darte cuenta, estás proyectando en ese joven cosas que pertenecen a tu propia historia. Pero vos no sos él, y merece la oportunidad de que lo conozcas por lo que hace, no por lo que imaginás.
Lo que te está pasando no habla tanto del novio de tu hija, sino de vos. Muchas veces, cuando somos padres, empezamos a mirar el mundo desde otro lugar y aparecen miedos que antes ni existían. Hoy ya no pensás como aquel muchacho de veinte años, sino como un papá que quiere proteger a su hija.
También es importante recordar que tu hija tiene sus propios recursos, su forma de pensar y la posibilidad de elegir. Protegerla no significa desconfiar de todas las personas que se acerquen a ella.
La confianza y el diálogo suelen proteger mucho más que la desconfianza y el control. A veces, el mejor cuidado no es cerrar todas las puertas, sino asegurarse de que nuestros hijos sepan que siempre tienen una a la que volver.



Comentarios

Entradas populares de este blog

"Dejaría todo por acostarme solo una vez con mi comadre"

"Soy bien macho pero me gusta usar colaless"

“Me enamoré de los encantos de mi hijastra”